Viaje a Perú con Prosalus, abril 2010

Escrito por Mario Alonso

04/26/2010

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Hace ya cerca de veinte años tuve la suerte de conocer a Prosalus y desde entonces vengo colaborando con la organización. Sin embargo, tenía una asignatura pendiente: una visita en el terreno para conocer de primera mano el trabajo realizado. Por fin en esta semana que hoy termina he podido compartir unos días maravillosos en la región de Cuzco con profesionales de Prosalus, ongs locales y evaluadores.

Lo primero que quiero constatar es que hasta que no lo ves con tus propios ojos no te percatas de la dimensión del inmenso trabajo que se esta realizando. Me han sorprendido extraordinariamente los resultados que se han obtenido en los últimos años gracias a la labor de Prosalus y de las organizaciones locales en materia de seguridad alimentaria, higiene, educación, igualdad de la mujer, mejoras en la salud, etc.

Todo ello logrado mediante proyectos sencillos, pero sumamente eficaces: biohuertos, canalizaciones de agua, cocinas mejoradas (chimeneas que evitan que el humo que hasta ahora existía en la cocina origine enfermedades respiratorias y oculares), entrega de semillas y de animales para cría, botiquines básicos, formación a niños y adultos, etc.

Resulta enormemente gratificante, a pesar de la dureza de muchas escenas presenciadas y de la carencia de las comodidades básicas a las que estamos acostumbrados, ver como los beneficiarios de estas ayudas han podido mejorar notablemente su calidad de vida, algo que te agradecen de una forma tan sincera, que en muchas ocasiones te hace enrojecer y en otras que salte alguna lágrima. Estas personas destilan una fuerza y una ilusión que llega a sobrecogerte, trabajan de sol a sol en condiciones durísimas y con un poco de ayuda consiguen que su vida y la de su comunidad mejoren en todos los sentidos, y lo que aún es más importante, recobran la esperanza en un futuro mejor para sus hijos.

 En mi retina se han quedado grabadas para siempre esas montañas andinas que parecen no acabarse nunca y que te hacen sentir un pigmeo, las risas de aquellos niños mientras les hacía juegos de magia y les regalaba unos caramelos, la ilusión con la que las mujeres me contaban como había mejorado su cocina, aquel médico que nos agradecía con emoción nuestra ayuda, los maestros que mostraban orgullosos sus instalaciones…

 Estos pueblos necesitan nuestra ayuda, solos lo tienen muy difícil y aquellos que tenemos la inmensa suerte de vivir al otro lado del mundo tenemos el deber ético inexcusable de aportar nuestra gota de agua que, junto a muchas otras, formaran el río del cambio.

 No querría terminar esta pequeña crónica reconociendo la profesionalidad y humanidad de mis dos compañeras de viaje: María Méndez , coordinadora de proyectos de Prosalus y Marta de Diego, consultora encargada de la evaluación. Mi reconocimiento y admiración a las dos por el extraordinario trabajo que realizan. 

Mario Alonso

16 de abril de 2010

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